¿Por qué nos cuesta trabajo mantener la mirada en una conversación?

11-01-2017
Un estudio sugiere que supone un esfuerzo que interfiere con el trabajo de buscar las palabras para sostener un diálogo, lo que influye en la tendencia natural de desviar la vista cada cierto tiempo

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Mantener la mirada durante un tiempo inadecuado tiene consecuencias sociales inmediatas: si lo hacemos durante poco tiempo, pareceremos sospechosos y poco confiables. Si lo hacemos demasiado tiempo, podemos crear una situación que puede resultar idiota o incluso íntima.

Curiosamente, y tal como concluyó un estudio publicado en Royal Society Open Science, además no todas la personas tienen la misma opinión sobre lo que es incómodo o aceptable, aunque es cierto que el tiempo medio preferido de mirada a los ojos ronda los 3,3 segundos.

Este miércoles, un equipo de investigadores de la Universidad de Kioto (Japón) ha descubierto una posible explicación de por qué las personas tienen dificultades para mantener el contacto visual con otros cuando están en medio de una conversación. Su estudio, publicado este miércoles en la revista Cognition, ha concluido que mantener el contacto visual le supone un esfuerzo al cerebro. Por eso, creen que a veces este opta por romper esta situación solo para dedicar más recursos a buscar las palabras para mantener la conversación.

«Aunque el contacto visual y el procesamiento verbal parecen independientes, las personas frecuentemente evitan la mirada de sus interlocutores durante una conversación», han escrito los autores, Shogo Kajimura y Michio Nomura, en su artículo. «Esto sugiere que hay una interferencia entre ambos procesos. Nosotros sugerimos la hipótesis de que esta interferencia ocurre porque ambos mecanismos comparten recursos cognitivos».

Tal como han sugerido, no solo apartamos la vista para evitar situaciones íntimas o idiotas, sino porque a veces nuestro cerebro trata de evitar una sobrecarga de esfuerzo.

Para llegar a esta conclusión, los científicos le pidieron a 26 voluntarios que participaran en un sencillo juego de asociación de palabras. Los investigadores le daban un nombre al voluntario, y este tenía que buscar un verbo asociado a él. Por ejemplo, si ellos decían «pelota», el sujeto de experimentación decía «lanzar».

Usaron nombres más complicados que otros, para darle más o menos trabajo al cerebro. Y, al mismo tiempo que se dedicaban a esto, le pidieron a los voluntarios que mantuvieran la mirada de una persona en una grabación. En esta grabación, el sujeto del vídeo a veces tardaba más o menos tiempo en romper el contacto visual.

El esfuerzo de mantener la mirada

Después, compararon el tiempo que los voluntarios necesitaban para buscar las palabras con el tiempo en que la grabación tardaba en romper el contacto visual. Y así, descubrieron que efectivamente los voluntarios necesitaban más tiempo para buscar las palabras más difíciles, pero que esto apenas si notaba si ya no estaban manteniendo el contacto visual.

Esto sugiere, en opinión de estos investigadores, que la tarea de mantener el contacto visual (con su carga íntima y de interpretación de la mirada del otro) supone una carga. Y que si el cerebro se libera de ellas, es más rápido en su tarea de buscar las palabras.

Este efecto solo se observó cuando las demandas de las palabras eran elevadas, lo que apoya la hipótesis de los investigadores. Pero para que esta idea fuera más sólida, habría que aumentar el número de personas participantes en el estudio y hacer análisis que cuantificasen estos niveles de actividad mencionados. Sería necesario, finalmente, establecer una relación causa-efecto.

Al margen de esto, los investigadores proponen que pare entender la comunicación, se debe tener en cuenta este tipo de interacciones entre canales verbales (en este caso para buscar palabras) y no verbales (en este estudio los relacionados con mantener la mirada).

ABC / EMR

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