¿Odiás hacer ejercicio? Tal vez tu ADN tenga la culpa

13-09-2017
En el estudio se enfatiza que lo que identificaron es por ahora simplemente una asociación entre el placer de hacer ejercicio y la genética

Si no le gusta ir al gimnasio, quizá esté predispuesto genéticamente a no disfrutar del ejercicio, sugieren unos investigadores holandeses.

La idea de que al menos parte de la propensión a disfrutar (o no) del ejercicio quizá se herede surgió tras hacer un seguimiento de los hábitos de ejercicio y de los sentimientos de varios cientos de parejas de gemelos idénticos, mellizos y hermanos que no eran gemelos ni mellizos con una edad comprendida entre los 12 y los 25 años.

El equipo del estudio encontró también que las personas que disfrutaban de hacer ejercicio pasaban más tiempo haciéndolo. Y eso plantea la idea de que unas nuevas intervenciones podrían finalmente ayudar a animar a que se haga ejercicio entre los que han heredado una propensión a no hacerlo.

 ‘A pesar de la creencia general persistente de que el ejercicio hace que todo el mundo se sienta mejor, no siempre es así’, dijo Nienke Schutte, la autora principal del estudio.

‘Hay grandes diferencias en el modo en que la gente se siente durante y después del ejercicio’, dijo Schutte, investigadora postdoctoral en el departamento de salud pública y ocupacional del Centro Médico de la Universidad de VU, en Ámsterdam.   ‘En nuestro estudio’, añadió, ‘pedimos a unas parejas de gemelos adolescentes sanos que realizaran una prueba de ejercicio de 20 minutos en una bicicleta y una prueba de ejercicio de 20 minutos en una cinta caminadora. Durante y después de las pruebas de ejercicio, les pedimos que indicaran cómo se sentían’.

Y al final, dijo Schutte, ‘mostramos que hasta un 37 por ciento de las diferencias en la experiencia subjetiva del ejercicio se debían a la genética’.   El estudio incluyó a 115 pares de gemelos idénticos, 111 pares de mellizos y 35 pares de hermanos que no eran ni gemelos ni mellizos. Todos los voluntarios del estudio pedalearon en una bicicleta estacionaria durante 20 minutos y corrieron en la cinta caminadora durante 20 minutos. Se consideró que ambos tipos de ejercicio eran ‘no intensos’, aunque se realizó una sesión de bicicleta adicional en que los participantes (que también incluyeron a 6 parejas de hermanos que no eran gemelos ni mellizos) se ejercitaron hasta que quedaron exhaustos.

Cada vez que pedalearon en la bicicleta o que corrieron, se pidió a los participantes que describieran qué tan bien o mal se sintieron, y si el ejercicio les hizo sentir vigorosos, animados, agitados o tensos. También se realizaron entrevistas sobre el estilo de vida para evaluar los hábitos rutinarios de ejercicio.   Al final, el equipo de investigación estimó que la predisposición genética explicó entre el 12 y el 37% de las variaciones observadas en el disfrute del ejercicio. Y cuanto más decía una persona que disfrutaba de hacer ejercicio, con más frecuencia hacía ejercicio.

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Una vez dicho eso, los autores del estudio enfatizaron que lo que identificaron es por ahora simplemente una asociación entre el placer de hacer ejercicio y la genética, en lugar de un caso definitivo de causalidad.   Pero ‘una conclusión importante es que un método universal para que las personas hagan ejercicio quizá no sea muy efectivo’, dijo Schutte. ‘Ahora que sabemos que el modo en que uno se siente durante y poco después del ejercicio es hereditario, podemos buscar los genes que están implicados en sí’.

E identificar con éxito esos genes podría significar que ‘en el futuro, en función de su perfil genético, se [podrían] personalizar las intervenciones para establecer unos objetivos de ejercicio específicos y realistas para cada persona’, añadió.   James Maddux, profesor emérito de psicología en la Universidad de George Mason en Fairfax, Virginia, dijo que, en su opinión, ‘los hallazgos tienen sentido’.

 ‘Y dado que los hallazgos de la investigación que se van acumulando sobre el papel de los genes en las diferencias individuales entre las personas en los factores biológicos y psicológicos [como] la inteligencia, la personalidad [o] el autocontrol, no estoy sorprendido para nada’, añadió.   

Maddux también sugirió que el mero reconocimiento de una base genética del disfrute del ejercicio podría terminar teniendo un beneficio práctico, incluso sin saber qué genes específicos están implicados.

‘No es necesario identificar los genes que pudieran ser parcialmente responsables de las diferencias individuales en la experiencia del placer y el dolor durante el ejercicio a fin de usar las descripciones de esas diferencias individuales para diseñar programas de ejercicio individualizados’, dijo.

Además, dijo Maddux, ‘saber que hay una contribución genética podría ayudar a que la persona que siente un gran malestar al hacer ejercicio se sienta menos culpable, algo que puede minar la moral y desaminar a la persona. De hecho, podría ser útil que los entrenadores personales divulguen esta información a sus clientes que se sienten muy incómodos. Esto podría ayudar a ambos a ser un poco más pacientes’.

El estudio aparece en la revista Psychology of Sport and Exercise.

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