Locura en Mendoza por la subasta de productos confiscados por Aduana

13-09-2017
Más de 1.500 personas llegaron hasta Mendoza desde distintos puntos del país para participar en la gran subasta de la Aduana que comenzó en la Bodega Centenario donde sólo hay lugar para 500, la mayoría debió esperar varias horas en la fila para entrar a medida que se iba desocupando el lugar.

 

Foto Diario UNO

 Muchos pasaron toda la noche en la puerta y otro tanto llegó por la tarde, con reposeras y mate, para estar entre los primeros.

La subasta, que remata productos confiscados en la frontera de Mendoza y San Juan con Chile, durante los últimos 8 años, despertó el interés no sólo de mendocinos, sino de puntanos, porteños, sanjuaninos y santafesinos, entre otros.

“Esto está mal organizado, ya que recién nos dieron algo de información a las 9:00. Estoy desde hace varias horas acá esperando entrar para comprar algo de electrónica para el negocio de mi hijo”, comentó Guillermo Celiberti, de 56 años, un marplatense que vive de la compra y venta de propiedades que se rematan judicialmente.

El hombre, dedicado a la construcción, recordó que en el gobierno de De la Rúa perdió todo lo que tenía y tuvo que empezar de nuevo, “por eso, antes construía y vendía, pero ahora compro y vendo en subastas, no puedo pagar obreros para construir”, dijo.

Para los organizadores, esta primera subasta superó las expectativas que tenían y se mostraron sorprendidos al ver familias enteras llegar a la Bodega para ofertar unos pesos por alguno de los artículos y productos que se exhibían.

“Es la primera vez que se hace en Mendoza. Vino mucha gente, mucha acompañada por hijos y parientes, y el lugar sólo da para 500 personas, por eso se desbordó y se retrasó el inicio”, explicó al Diario UNO Carlos Leiza, gerente de Ventas y Subastas del Banco Ciudad, entidad organizadora que busca recaudar 10 millones de pesos.

El salón de la Bodega Centenario (Pedro Vargas al 2311 en Guaymallén) se colmó de gente que hizo largas filas para ingresar, la gran mayoría de los asistentes no habían presenciado nunca un remate.

Foto Diario UNO

Esta vez, con sólo presentar su DNI y ser mayor de edad pudieron participar en estos encuentros donde el martillero cuenta hasta tres y otorga el producto al mejor postor.

“Tenemos un negocio con mi marido y queremos comprar algunos celulares. Somos de Guaymallén y es la primera vez que participamos en una subasta”, dijo Angélica Nieto, de 42 años, que también utiliza internet para vender sus productos.

   Los que llegaban al lugar del remate se inscribían en la entrada, presentaban su documentación y se les daba una paleta identificatoria para poder ofertar.

Los que compraron un artículo, debieron pagar una seña, que es la comisión del martillero, y luego la Aduana inicia los trámites internos de la subasta, y en 15 días el Banco convoca a los compradores para que depositen el dinero en una cuenta determinada.

La suma va a parar al Tesoro Nacional
Los concurrentes tenían la posibilidad de pagar en efectivo o con tarjeta de crédito. Incluso en pocos minutos se podía hacer los trámites para tener la tarjeta del Banco Ciudad y utilizarla aunque no tuvieran el plástico en mano.

Esta es la segunda subasta en el interior, ya que la primera se hizo en Córdoba. La idea es hacerla en Salta y Tucumán, en lugares donde hay sucursales del Banco Ciudad, explicaron los organizadores.

Los artículos que se rematan hasta este jueves son los incautados hace 10 años, aunque la mayoría es del 2015 en adelante.

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