Las legislativas 2017 y la pelea entre la esperanza y el malestar

04-07-2017
"Las encuestas nos indican que todavía existe una mayoría que tiene esperanza en el cambio y que, pese a las dificultades económicas del presente, cree que el futuro será mejor".
Por Ernesto Behrensen  | La frase fue pronunciada por uno de los principales referentes políticos del PRO y alude al “crédito” que, confía, tienen todavía en la sociedad.

A más de un año y medio de asumir, Mauricio Macri no pudo realizar las reformas de fondo que esperaba y el surgimiento de los brotes verdes de la economía se van retrasando.

El principal sostén electoral que lo llevó a la Casa Rosada, la clase media de los grandes centros urbanos, fue el que más sufrió las consecuencias de las políticas económicas que implementó desde el 10 de diciembre del 2015.

La inflación, los aumentos en las tarifas, el incumplimiento en la eliminación del impuesto a las Ganancias para los trabajadores y el desacople entre los aumentos salariales obtenidos y el incremento de la inflación impactó de lleno en esa masa de votantes que, en menos de dos meses, deberá concurrir nuevamente a las urnas.

Este descontento no es ignorado por los hombres que rodean a Macri. Pero se amparan en las encuestas de opinión que encargan para testear la realidad. “Una porción importante de los consultados dice estar peor que el año pasado en materia económica. Pero de ellos, la mayoría tiene esperanza de que en el corto plazo su situación mejorará”, afirman.

El fiel de la balanza entre la precarización económica y la “esperanza”, dicen, se inclina por esta última. La duda es si esa foto de la realidad se mantendrá hasta el 13 de agosto o si cambiará.

Polarización
En ese marco, y en el inicio extraoficial de la campaña electoral, en el gobierno nacional esperan polarizar con la ex presidenta Cristina Fernández. En la Casa Rosada apuntan al “pasado”, con eje en “herencia” y en la “corrupción” kirchnerista, tratando de minimizar las secuelas económicas del “presente”.

Cristina, en cambio, soslaya los delitos que se cometieron en su gestión y machaca, con cierta hipocresía e ignorando su responsabilidad, sobre los problemas cotidianos de la “gente común”. Ahora, descubrió que existen pobres, inflación, inseguridad y trabajadores con problemas.

Sergio Massa navega entre su “deseo” de terminar con la carrera política de Cristina y ser la alternativa al modelo macrista. “Estoy convencido de que la gente no va a votar ni un gobierno para ricos ni un gobierno de corruptos”, dice. La “avenida del medio” se estrecha. Sus antecedentes de haber integrado ese “gobierno de corruptos” y de haber apoyado al “gobierno para ricos” en sus primeros meses diluyen el efecto de su triunfo contra el kirchnerismo en 2013.

La candidatura de Florencio Randazzo, vista como un bálsamo por el macrismo y algunos sectores económicos, sólo es sostenida por esos espacios como una forma de restarle votos a Cristina. El ex ministro se ampara en la bandera que cree haber izado al negarse a ser candidato a gobernador de Cristina en 2015. Sin embargo, Randazzo estuvo al lado de ella hasta el último minuto de su mandato y esa es una mochila de la que no se puede desprender fácilmente.

Los resultados de estas elecciones no se medirán por la cantidad de legisladores que consiga cada fuerza. Sea cual fuere el resultado no cambiará la relación de poder en el Congreso.

Estas elecciones podrán medirse en términos nacionales, quizás como una forma de saber quién ganó. Pero es la provincia de Buenos Aires la que definirá al triunfador de estos comicios. Y allí destinan sus mayores esfuerzos los contendientes. Pero con un discurso nacional.

Una de las principales “sensaciones” que cada vez se instala más en la sociedad es la falta de “sensibilidad” del gobierno nacional.

Los proyectos de bajar el gasto público a través de las propuestas de revisar los subsidios a la discapacidad, a la viudez e incluso las iniciativas para que dejen de ser universales las vacunas a los niños son algunos ejemplos. Y contrastan con la permanencia de un Estado gigantesco, con gastos superfluos y con una presión tributaria asfixiante.

Lo cierto es que el gasto público, madre de todos los problemas, no disminuyó desde que asumió Macri sino todo lo contrario. Y es ése es el huevo de la serpiente que Cristina le dejó a su sucesor.

Los intentos de bajarlo con reducción de subsidios impactó de lleno en la masa de votantes de Cambiemos.

Apuesta macrista
La apuesta del macrismo es que los resultados de la eventual recuperación económica, o al menos que sea palpable en el bolsillo de la gente, lleguen antes del 13 de agosto, y eventualmente, del 22 de octubre, y que el malestar social no supere la expectativa oficial.

Según el INDEC, la actividad económica creció un 0,6 por ciento en abril, la producción industrial quebró 15 meses de caída y subió un 2,7 por ciento y la construcción, apuntalada por la obra pública, lo hizo un 10,3 por ciento.

Sin embargo, esos datos “macro” aun no llegan a lo “micro”.

En ese mundo, el del día a día de los trabajadores, en el que hay que hay que fijar prioridades para realizar gastos en la familia, esos números de la “macro” no llegan.

Sobre todo para la mitad de la población, que, según el INDEC, recibe ingresos por debajo de los diez mil pesos por mes, cuando el monto establecido para no ser pobre es de 14.000 pesos por mes.

Agencia DYN

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