Alentador descenso de la tasa de pobreza en niñez y adolescencia

01-08-2017
A pesar de esta relativa mejora, la Argentina sigue concentrando los peores indicadores de pobreza en los niños, fenómeno conocido como infantilización de la pobreza.

La tasa de pobreza en niñez y adolescencia descendió de 48 a 41,9 por ciento entre el segundo trimestre de 2016 y el primer trimestre de 2017, pero la situación de los chicos y adolescentes mejoró menos que la de los adultos.

De esas manera, la tasa de pobreza en niñez y adolescencia casi duplica la de mayores de 18 años.

Según cálculos realizados por CIPPEC sobre los microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares del Indec correspondientes al primer trimestre de 2017, 41,9% (3.112.202) de niños, niñas y adolescentes menores de 18 años viven en situación de pobreza en Argentina.

Esto representa un descenso de 6 puntos respecto de la medición del segundo trimestre de 2016, cuando se publicaron por primera vez los datos de pobreza con la nueva canasta básica total.

“Es difícil atribuir la disminución a un único factor. Lo que muestran estos datos es que los ingresos de los hogares crecieron algo por encima de la inflación”, explicó Gala Díaz Langou, directora del Programa de Protección Social.

Díaz Langou señaló que “algunos de los elementos que pueden ayudar a ese crecimiento en los ingresos es la creación del ingreso universal para adultos mayores, la actualización de la AUH, y la ampliación de las asignaciones familiares a los monotributistas”.

Si bien la situación de los niños y adolescentes mejoró durante este período, lo hizo en menor medida que la mejora en la situación de los adultos, ya que un 39.1 por ciento de los niños menores de 5 años viven en situación de pobreza, mientras que un 42,28 por ciento de los niños entre 5 y 14 años y 42,45% de los adolescentes entre 15 y 17 años se encuentran en esta situación.

“Revertir la infantilización de la pobreza y su profundización implica un arduo desafío en el largo plazo, ya que supone abordar causas estructurales que están arraigadas en patrones culturales y factores socioeconómicos. Sin embargo, a pesar de esta complejidad, se trata de un desafío que debe ser abordado con urgencia”, precisó Díaz Langou.

 

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